jueves, 31 de marzo de 2011

De la luz a la miseria.

Una horrible nostalgia corroe mi ser.
No es como da en febrero, no es como da en diciembre.
Es como da ahora, cuando te lo tiñen en la cara.
Cuando lo plasman en tus ojos.
Cuando logran tatuarlo incluso en tu conciencia.
Entonces te preguntas:
¿Porque? ¿Porque se fue?
Y te respondes:
No lo sé, o no hay razón.
Simplemente se esfumo.
Simplemente no esta.
Pero sabes que lo quieres de vuelta.
Pero no sabes como.
Pero lo conoces, porque lo tuviste.
Pero no lo recuerdas con claridad
Como cada estrella que pasa ante tus ojos.
O no se puede fundir con el molde actual.
Como el agua y el aceite.
O como diría aquel señor:
"Como la leche y el azúcar"
Pero pasa el tiempo ... y las letras.
Y te das cuenta poco a poco que no se ha perdido.
Que quizá esta escondido.
Comprimido en una bola que solo debemos explorar.
Explorar, analizar, desenfundar.
Como el samurai reconoce con cada ataque.
Su espada que se muestra una vez más distinta.
Distinta, pero idéntica.
Igual anatómicamente, distinta anímicamente.
¿Sera reflejo espejo de mi situación?
¿O a parte del sujeto hace falta la continuidad?

Eso lo descubriré con el tiempo...
Y solo diré:
"Estoy feliz de que te hayas asomado esta noche, vieja amiga"

Viéndola asomada, solo queda preguntarse.
Preguntarse por aquel contenedor de la perdida.
Aquel difuso y complejo portador de la voz.
Que si bien sufría por ser
No sufría por no tener razón de sufrir.
Y se mostraba puro y valioso.
No como el actual portador del silencio.
Que se muestra seguro y confiado.
Pero que es un cuerpo vacío.
Sin sentido, sin valores.
Un molde blanco relleno de negro.
Un ente que solo gasta espacio y oxigeno.

Quisiera encontrarme y reconocer.
A aquel portador de luz.
Que alguna vez.
Este putrefacto y vacío ser.
Fue...

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